Día 68: Las aguas de Meribá

Evento clave 27: Moisés golpea la roca (Números 20 1-13)

En respuesta a la sed de Israel, Dios pide a Moisés que golpee una roca y brota de ella agua (cf. Ex 17) Más tarde, en una situación similar, Dios manda a Moisés “decirle” a la roca que dé agua (cf.Nm 20) pero Moisés, en cambio, golpea la roca dos veces, probablemente por falta de fe (Nm 20 12) El agua que fluye de la roca prefigura el don del Espíritu Santo, el cual fluye de Jesús crucificado y resucitado. (cf. Jn 7 37-38, 19 34; 1Co 10 4)

INTRODUCCIÓN

Continuamos con el Deuteronomio, que es un libro fascinante. Desde el capítulo 8 hasta el capítulo 21 que estaremos leyendo hoy, hay ciertas regulaciones. Nos van mostrando cómo debe vivir el pueblo, qué es lo que se debe hacer, las leyes. Ha sido un momento muy interesante para nosotros aprender. Así que, hoy no es tan diferente. Vamos a mirar que hay leyes también para la guerra, que Dios es un Dios justo y nos olvidamos a veces de que tenemos que siempre mirarlo a él. Con Dios a nuestro lado, no tendremos que afrontar ninguna dificultad porque parece que todo —cuando estamos con Dios— tiene solución. Absolutamente todo.

También veremos cómo se trata el problema de tener hijos delincuentes o cuando un hombre es asesinado. Y, por eso también es importante el momento que vamos a tener hoy con los capítulos 19 y 20 de Números, donde veremos como Aarón sigue guiando el pueblo. Cómo hay responsabilidades de la comunidad de creyentes de ayudar económicamente a sus líderes espirituales porque ellos deben estar ocupados en las cosas de Dios y no pueden estar en las cosas seculares.

Veremos también que hay algo muy interesante. Va a haber la ofrenda de un animal, que es una vaca de pelo rojizo. Algo diferente, es la primera vez que vamos a encontrar que se ofrece un animal hembra. Estoy hay que mirarlo con cuidado. Y vamos a entenderlo, porque cuando se hace esta ofrenda es porque los israelitas van viajando por el desierto y cuando un hombre peca pues no pueden entrar en la tienda del Tabernáculo todo el tiempo para cumplir con estos ritos de purificación y de ofrenda que hemos ido conociendo. Entonces va a haber una manera distinta de solucionar el problema. Y podríamos decir: “¡Qué raro es todo esto!” Parece que la historia fuese cambiando, pero nos va a pasar lo mismo cuando lleguemos al Nuevo Testamento y nos demos cuenta cómo Jesús lava los pies a sus discípulos y Simón Pedro es el primero que se opone ¿no? Y Jesús le dice: “No, no, no, no. Si no te lavo, no tendrás parte conmigo”. Siempre hay cosas que Dios hace de manera diferente y nos sorprende. Y, a través de estos signos que veremos hoy, así como lo veremos más adelante, cuando veamos a Jesús lavando pies, iremos aprendiendo muchas cosas y maneras nuevas de entender cómo Dios quiere salvarnos. Por eso mismo, hemos venido caminando desde el capítulo 14 hasta este capítulo 20 y vamos viendo esos 40 años que el pueblo deambula por el desierto. No se nos cuenta mucho, en realidad. Tenemos aquí solo unos pocos incidentes que van ocurriendo aquí y allá. Pareciera que no hubiese mucho que contar, pero realmente nos han contado muchas cosas que son bastante significativas, sobre todo cuando el pueblo anda bajo la voluntad de Dios. Así que hoy leeremos Números, capítulo 19 y 20; Deuteronomio, capítulo 21 y el Salmo 100. Este es el día 68 ¡Empecemos!


ORACIÓN INICIAL

Padre de amor y misericordia, tú que haces elocuente la lengua de los niños, educa también la mía e infunde en mis labios la gracia de tu bendición, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y a ti te invito para que pidas al Espíritu Santo que abra nuestra mente y nuestro corazón para que podamos gozar de la palabra de Dios en nuestras vidas en este maravilloso día que Dios nos da.


PUNTOS CLAVES

  • Continuamos entonces con este capítulo interesantísimo, el capítulo 21 del libro del Deuteronomio, el cual me ha llamado mucho la atención porque veíamos ayer cómo alguien podía decir: “No, yo soy cobarde, no iré a la guerra” y podía evadir la guerra. Y tenemos muchos ejemplos de esos. Lo veremos con el ejemplo de Gedeón, que empezó una guerra con 32 mil hombres. Y se le van yendo hasta que el Señor le dice: “Bueno, con esos 300 que tienes ve a la guerra”. Y le da la victoria. No se trata de mucha fuerza que se tenga. Se trata de que Dios siempre nos de la fuerza para hacer lo que necesitemos. Es así como llegamos a este capítulo 21 y encontramos leyes que regularizan tantas cosas raras: el asesinato, los hijos delincuentes. Bueno, en fin, hay leyes interesantes y extraordinarias que se dictan de acuerdo a los diferentes aspectos de la vida del pueblo. Es interesante.

  • Hablaba el Señor, por ejemplo, del matrimonio. Cómo hacerle con estas mujeres, que son casi que, podríamos decirlo, botín de guerra. También vemos cómo, si un hombre es asesinado, hay que medir ciertas distancias de un lugar a otro y la ciudad más cercana va a ser considerada responsable y tiene que hacer estos ritos de purificación. Pero ¿qué se nos enseña con todo esto? Que todos somos responsables. La comunidad es responsable del bien de todos. Y así el asesinato no fuera cometido en esa ciudad o todavía no supiéramos quien era responsable, todos los ancianos de ese lugar tienen que salir a pedir perdón, tienen que pedir que el Señor les conceda esa paz y el perdón, pues hay algo que se ha cometido en contra de un ser humano, en contra de la humanidad. Es lo que veíamos, por ejemplo, cuando viene Jesús a entregarse para el perdón de todos. Él no tenía ninguna culpa, pero sale y pide perdón por cada uno de nosotros. Nos ayuda, nos redime, nos perdona. Bastante interesante.

  • También tenemos otra historia que me llama mucho la atención, que es la de los hijos un poquito necios ¿no? Y es algo totalmente distinto a lo que vamos a ver después en los evangelios. Por ejemplo, con el hijo prodigo. El hijo pródigo va y le dice a su papá: “Entrégame lo que me pertenece, que me voy”. Y no hizo muy bien. Se fue, se portó mal y este papá —que lo está esperando siempre— cuando lo ve regresar, hace una gran fiesta y le da la bienvenida. No lo cogió a pedradas, como era el caso de lo que se prescribía en esta ley. Definitivamente empezamos algo diferente. Estamos conociendo lo que se hacía. Ahora vamos más adelante a descubrir lo que se tiene que hacer en el aquí y en el ahora.

  • Pero quiero regresar a Números, donde hay algo que, si tú tienes la Biblia The Great Adventure, la que estamos utilizando para leer, te darás cuenta de que hay un evento clave aquí hoy. Es el evento clave Número 27 que nos muestra que Moisés golpea la roca. Esto lo hace en respuesta a la sed de Israel, pues Dios le ha pedido a Moisés que golpee una roca y brota de ella agua en el Éxodo 17 y, más tarde, es una situación similar. Pero esta vez Dios dice: "Ve, Moisés, y habla con la roca. Dile a la roca que dé agua”. En este capítulo que leíamos hoy, Números, capítulo 20, Moisés, en cambio de hablar a la roca, la golpea dos veces. Y se cree que probablemente fue por falta de fe que él tiene. Y, aunque fluye agua de la roca—que nos figura el don del Espíritu Santo—nos damos cuenta que esto le causa un gran problema no solo a Moisés sino también a Aarón. Son castigados por no haber confiado y reconocido la santidad de Dios frente a los israelitas.

  • Vamos a pedirle hoy al Señor que tal vez tú y yo confiemos y que reconozcamos más la santidad del Señor, que podamos tomarlo a él con una seriedad increíble porque Dios nos ha demostrado que es fiel, que es un Dios que cumple su palabra, que es un Dios que no nos abandona, que es un Dios que es misericordioso, que es amantísimo y que sólo está buscando para nosotros el bien. Por eso tenemos estos pasajes que nos ayudan a que no olvidemos la grandeza de nuestro Dios. Que no dejemos que nada nos arrastre y nos ponga en duda porque nuestro Dios es grande. Es excelso.

  • Nuestro Dios es un Dios poderoso en el cual debemos poner siempre nuestra confianza. Es por eso que hoy terminamos estas lecturas con el Salmo 100. Para que toda la tierra proclame con alegría y con júbilo que el señor es un Dios soberano, que él es que nos ha hecho y que le pertenecemos a Él, y Él siempre nos dará el descanso y nos dará todo lo que necesitemos. Por eso, hoy te invito a que des gloria, que cantes al Señor, que bendigas su nombre porque el amor de Dios es eterno, porque la lealtad de Dios va a perdurar para siempre

ORACIÓN FINAL

Pidámosle hoy a ese Señor que hoy abra nuestra mente y nuestro corazón para que sigamos siendo nosotros fieles a él. Y, por eso, todos los días te pido que por favor ores por mí, para que yo también sea fiel —como Dios es— a este ministerio que se me ha confiado, para que yo pueda vivir con fe lo que leo y lo que enseño y para que pueda enseñar lo que creo y, de esta manera cumplir lo que he enseñado. Y que la bendición de Dios Todopoderoso que es Padre, Hijo, y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y los acompañe siempre ¡Que Dios los Bendiga!


PARA MEDITAR

  • Haz el propósito de pasar un rato escuchando y cantando cantos de alabanza y adoración al Señor.

  • Familiarízate con la música de artistas Católicos (como por ejemplo: "The Vigil Project", Athenas, Verónica Sanfilippo, Canto Católico, Athenas, Kairy Marquez, entre otros).

CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA

IV. La oración de acción de gracias

2637 La acción de gracias caracteriza la oración de la Iglesia que, al celebrar la Eucaristía, manifiesta y se convierte cada vez más en lo que ella es. En efecto, en la obra de salvación, Cristo libera a la creación del pecado y de la muerte para consagrarla de nuevo y devolverla al Padre, para su gloria. La acción de gracias de los miembros del Cuerpo participa de la de su Cabeza.

2638 Al igual que en la oración de petición, todo acontecimiento y toda necesidad pueden convertirse en ofrenda de acción de gracias. Las cartas de san Pablo comienzan y terminan frecuentemente con una acción de gracias, y el Señor Jesús siempre está presente en ella. “En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros” (1 Ts 5, 18). “Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias” (Col 4, 2).

V. La oración de alabanza

2639 La alabanza es la forma de orar que reconoce de la manera más directa que Dios es Dios. Le canta por Él mismo, le da gloria no por lo que hace, sino por lo que Él es. Participa en la bienaventuranza de los corazones puros que le aman en la fe antes de verle en la gloria. Mediante ella, el Espíritu se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (cf. Rm 8, 16), da testimonio del Hijo único en quien somos adoptados y por quien glorificamos al Padre. La alabanza integra las otras formas de oración y las lleva hacia Aquel que es su fuente y su término: “un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Co 8, 6).

2640 San Lucas menciona con frecuencia en su Evangelio la admiración y la alabanza ante las maravillas de Cristo, y las subraya también respecto a las acciones del Espíritu Santo que son los Hechos de los Apóstoles: la comunidad de Jerusalén (cf Hch 2, 47), el tullido curado por Pedro y Juan (cf Hch 3, 9), la muchedumbre que glorificaba a Dios por ello (cf Hch 4, 21), y los gentiles de Pisidia que “se alegraron y se pusieron a glorificar la Palabra del Señor” (Hch 13, 48).

2641 “Recitad entre vosotros salmos, himnos y cánticos inspirados; cantad y salmodiad en vuestro corazón al Señor” (Ef 5, 19; Col 3, 16). Como los autores inspirados del Nuevo Testamento, las primeras comunidades cristianas releen el libro de los Salmos cantando en él el Misterio de Cristo. En la novedad del Espíritu, componen también himnos y cánticos a partir del acontecimiento inaudito que Dios ha realizado en su Hijo: su encarnación, su muerte vencedora de la muerte, su resurrección y su ascensión a su derecha (cf Flp 2, 6-11; Col 1, 15-20; Ef 5, 14; 1 Tm 3, 16; 6, 15-16; 2 Tm 2, 11-13). De esta “maravilla” de toda la Economía de la salvación brota la doxología, la alabanza a Dios (cf Ef 1, 3-14; Rm 16, 25-27; Ef 3, 20-21; Judas 24-25).

2642 La revelación “de lo que ha de suceder pronto” —el Apocalipsis— está sostenida por los cánticos de la liturgia celestial (cf Ap 4, 8-11; 5, 9-14; 7, 10-12) y también por la intercesión de los “testigos” (mártires) (Ap 6, 10). Los profetas y los santos, todos los que fueron degollados en la tierra por dar testimonio de Jesús (cf Ap 18, 24), la muchedumbre inmensa de los que, venidos de la gran tribulación nos han precedido en el Reino, cantan la alabanza de gloria de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero (cf Ap 19, 1-8). En comunión con ellos, la Iglesia terrestre canta también estos cánticos, en la fe y la prueba. La fe, en la petición y la intercesión, espera contra toda esperanza y da gracias al “Padre de las luces de quien desciende todo don excelente” (St 1, 17). La fe es así una pura alabanza.

2643 La Eucaristía contiene y expresa todas las formas de oración: es la “ofrenda pura” de todo el Cuerpo de Cristo a la gloria de su Nombre (cf Ml 1, 11); es, según las tradiciones de Oriente y de Occidente, “el sacrificio de alabanza”.

(Todas las citas están tomadas del Catecismo de la Iglesia Católica disponible en línea en el sitio web del Vaticano. https://www.vatican.va/archive/catechism_sp/index_sp.html)


COMENTARIOS ADICIONALES

Papa Francisco. Misas Matutinas en la Capilla de la Domus Sanctae Marthae. Martes 28 de enero de 2014.


La oración de alabanza


Es difícil justificar a quien siente vergüenza al cantar la alabanza del Señor, mientras que luego se deja llevar por gritos de júbilo por el gol de su equipo del corazón. Éste es el sentido de la reflexión que propuso el Papa Francisco en la misa del martes 28 de enero.


El Papa Francisco se centró en la descripción de la fiesta que improvisó David por la llegada del arca de la Alianza, tal como lo relata la primera lectura de la liturgia del día (2 Samuel 6, 12-15 .17-19). «El rey David —recordó el Pontífice— inmoló sacrificios en honor a Dios; oró. Luego su oración llegó a ser jubilosa... era una oración de alabanza, de alegría. Y comenzó a danzar. Dice la Biblia: “David iba danzando ante el Señor con todas sus fuerzas”». Y David estaba tan contento al dirigir esta oración de alabanza que salió «de toda moderación» y comenzó «a danzar ante el Señor con todas sus fuerzas». Esto, insistió el Papa, era «precisamente la oración de alabanza».


Ante este episodio «pensé inmediatamente —confesó el obispo de Roma— en la palabra de Sara tras dar a luz a Isaac: “el Señor me hizo bailar de alegría”. Esta anciana de 90 años bailó de alegría». David era joven, repitió, pero también él «bailaba, danzaba ante el Señor. Esto es un ejemplo de oración de alabanza». Que es algo distinto de la oración que, explicó el Pontífice, normalmente hacemos «para pedir algo al Señor» o incluso sólo «para dar gracias al Señor».


Pero «la oración de alabanza —destacó el Santo Padre— la dejamos a un lado». Para nosotros no es algo espontáneo. Algunos, añadió, podrían pensar que se trata de una oración «para los de la Renovación en el Espíritu, no para todos los cristianos. La oración de alabanza es una oración cristiana, para todos nosotros. En la misa, todos los días, cuando cantamos repitiendo “Santo, Santo...”, ésta es una oración de alabanza, alabamos a Dios por su grandeza, porque es grande. Y le decimos cosas hermosas, porque a nosotros nos gusta que sea así». Y no importa ser buenos cantantes. En efecto, explicó el Papa Francisco, no es posible pensar que «eres capaz de gritar cuando tu equipo hace un gol y no eres capaz de cantar las alabanzas al Señor, de salir un poco de tu comportamiento para cantar esto».


Alabar a Dios «es totalmente gratuito», prosiguió. «No pedimos, no damos gracias. Alabamos: tú eres grande. “Gloria al Padre, al Hijo, al Espíritu Santo...”. Con todo el corazón decimos esto. Es incluso un acto de justicia, porque Él es grande, es nuestro Dios. Pensemos en una hermosa pregunta que podemos hacernos hoy: “¿cómo es mi oración de alabanza? ¿Sé alabar al Señor? ¿O cuando rezo el Gloria o el Sanctus lo hago sólo con la boca y no con todo el corazón? ¿Qué me dice David danzando? ¿Y Sara que baila de alegría? Cuando David entró en la ciudad, comenzó otra cosa: una fiesta. La alegría de la alabanza nos lleva a la alegría de la fiesta». Fiesta que luego se extiende a la familia, «cada uno —es la imagen propuesta por el Pontífice— en su casa comiendo el pan, festejando». Pero cuando David vuelve a entrar en el palacio, debe afrontar el reproche y el desprecio de Mical, la hija del rey Saúl: «“¿pero tú no tienes vergüenza de hacer lo que has hecho? ¿Cómo has hecho esto, bailar delante de todos, tú el rey? ¿No tienes vergüenza?”. Me pregunto cuántas veces despreciamos en nuestro corazón a personas buenas, gente buena que alaba al Señor», así, de modo espontáneo, así como surge sin seguir actitudes formales. Pero en la Biblia, recordó el Papa, se lee «que Mical quedó estéril para toda su vida por esto. ¿Qué quiere decir aquí la Palabra de Dios? Que la alegría, la oración de alabanza nos hace fecundos. Sara bailaba en el momento grande de su fecundidad, a los noventa años. La fecundidad alaba al Señor». El hombre o la mujer que alaba al Señor, que reza alabando al Señor —y cuando lo hace es feliz de decirlo—, y goza «cuando canta el Sanctus en la misa», es un hombre o una mujer fecundo. En cambio, añadió el Pontífice, quienes «se cierran en la formalidad de una oración fría, medida, así, tal vez terminan como Mical, en la esterilidad de su formalidad. Pensemos e imaginemos a David que baila con todas sus fuerzas ante el Señor. Pensemos cuán hermoso es hacer oraciones de alabanza. Tal vez nos hará bien repetir las palabras del salmo que hemos orado, el 23: “¡Portones! Alzad los dinteles, que se alcen las puertas eternales: va a entrar el rey de la gloria. ¿Quién es ese rey de la gloria? El Señor héroe valeroso, el Señor valeroso en la batalla». Ésta debe ser nuestra oración de alabanza, y, concluyó, cuando elevamos esta oración al Señor debemos «decir a nuestro corazón: “levántate corazón, porque estás ante el rey de la gloria”».


(Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 5, viernes 31 de enero de 2014. Tomado del sitio web del Vaticano. Accesado el 9 de marzo de 2022. https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2014/documents/papa-francesco_20140128_oracion-alabanza.html)